Gran Calor, el duodécimo de los veinticuatro términos solares, es también el último término solar del pleno verano.
Como dice el dicho popular: «El Calor Menor no es realmente caluroso, pero el Gran Calor marca los días más calurosos del año». En este momento, la longitud solar es de 120°, lo que marca el pico de las temperaturas más altas del año. El aire es húmedo y abrasador, las cigarras no dejan de cantar, los lirios de agua llenan los estanques y las luciérnagas danzan por la noche: este es el verano en su forma más apasionada y abundante.
Durante el Gran Calor, las tres microestaciones giran: la hierba marchita se transforma en luciérnagas, la tierra se vuelve húmeda y calurosa, y a veces caen lluvias torrenciales. El aire resulta pegajoso y opresivo, lo que hace difícil soportar el calor. El único refugio es el estanque de lotos, un santuario naturalmente fresco. Por las mañanas aparece rocío sobre las hojas de loto, por las tardes ofrecen sombra frente al sol abrasador y, al atardecer, suaves brisas mecen delicadamente las flores. Bajo este calor sofocante, las flores de loto florecen con valentía, utilizando su serena belleza para contrarrestar el implacable calor estival.
